Six Feet Under: Serie de cabecera
2008. Vacaciones de invierno. Empecé a ver esta serie con mi hermano, en el sillón de un departamento en el Parque Forestal y, después, acostados en una pieza de nuestra casa en Puerto Montt. También la vi con mi prima. Se trataba de una familia que tenía una funeraria, que en cada capítulo entierra a un muerto, que el primero de ellos es el padre que, como siempre, no alcanza a despedirse dejando a su esposa y tres hijos. Hoy para mí es una reflexión sobre la vida y, sobre todo, la muerte; una cátedra cotidiana, cercana cuyos oradores son los integrantes de esta familia, por cierto, inexperta en filosofía, inseguros, complejos, intensos, contradictorios y que, por lo mismo, al parecerse tanto a nosotros, sus reflexiones se convierten en consejos. O en armas que derriban cierto escepticismo joven por aprender de la vida, o en citas que rondarán en nuestras cabezas cuando alguien cercano muera dejándonos la sensación de que somos más fuertes, o palabras que acompañen un paseo en bicicleta en el que uno quiere ordenar un par de cosas o frases para ayudar a una amiga destruida porque se le fue alguien que quería. Six Feet Under es como un libro de cabecera.
La vida es rápida, dura, volátil y parece que Alan Ball lo tiene más que claro: hizo Six Feet Under. Pienso que Ball estuvo bien en hacer de esta historia una serie. En cinco temporadas con doce capítulos cada una, uno logra ver la evolución de los personajes y fijarse en detalles: no es una serie para ver haciendo otra cosa, sino concentrado. La vida de ellos es mejor verla en su evolución. La reflexión con la muerte es mediante esa evolución.

Ayer terminé de ver el último capítulo de la quinta temporada, con lágrimas en los ojos y estómago revuelto. Después, soñé con la querida familia Fisher. Desde luego, con Six Feet Under, en mi vida hubo una pausa. Después, acostado y con apenas la luz de mi ventana, reflexioné.
El día en que me vaya a morir, y mi cuerpo quede seis pies bajo tierra, me quiero acordar de esta serie. Quizá no lo haga y en vez de eso recuerde las personas que me rodean, las cosas que me hicieron felices. Trataré de recordar anécdotas, risas, llantos, historias, olores, colores, confesiones, promesas, abrazos, besos, tardes en el Parque Bustamante, cervezas en Bellavista y todo lo demás. O sea, todo, todo, todo lo que en algún sentido u otro he amado.
21 diciembre 2009 a 4:01 pm
Six feet under se transformo en una serie que me mostro la muerte como algo cotidiano, inesperado y espontaneo, pero doloroso igual.
Recuerdo cuando la vi por primiera vez en tu casa, estuvimos todo el fin de semana en eso jajajja!!
abrazos y besos amigo!!!
tqm!