El escenario

El escenario donde Pedro y Mariela tiraron de repente, fue el closet de un departamento en el Forestal. Un closet grande. Él sentado y ella de pie, metidos entre la ropa, se envolvieron de lo que antes no eran y que ahora lo son. Atrás quedó el colegio, la vida hueona y cartucha de la que fueron parte. Esa vida, también, quedó cerca de ahí, en el living, donde  carreteaban sus amigos de adolescencia, entre ellos el ex de Mariela que es amigo de Pedro. Se quedaron en ese cada uno con su cada uno. Lejos del escenario.

Tiraron después de haber conversado sobre la juventud. De que ella le confesara que cuando encontraba a un hueón, proyectaba como si con él fuera a casarse. Pedro le dijo error. La juventud es larga, le dijo.

-         Imagínate que tienes dieciocho. Te quedan como diez años todavía. ¡Aprovecha, mujer!

Sin eso, quizás,  Mariela nunca hubiera acompañado a Pedro hasta la pieza de los curaos, ni habría aceptado su invitación al closet, ni le hubiera tocado el pelo en la nuca mientras se besaban. Tampoco Mariela se hubiera asustado cuando la puerta se abrió y la luz de adentro se encendió. Ahí, mientras el ex de ella no entró, ni nadie entró, Pedro atinó a cerrar la puerta que había pasado a abrir: la ampolleta solía estar conectada a ella.

Después de eso Pedro y Mariela se sintieron raros. Entonces caminaron a casa conversando sobre cosas freak: Una colectivo artístico que distorsiona los letreros de las autopistas; la interpretación de las guaguas sobre palabras extranjeras. Y luego, en la mañana, debajo del sol, se dijeron adiós en la mejilla.

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One Comment on “El escenario”

  1. Ja Says:

    No table, en dos palabras. Me gustó la cotidaniedad y posibilidad de lo que leí.

    … y por qué me dices a la defensiva?

    Slds.


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